Heian
La capital se traslada a Kioto. Durante cuatro siglos, una aristocracia refinada inventa buena parte de la estética japonesa: la literatura de corte, el culto a la estación, un sentido de la belleza que nunca ha abandonado del todo el país.
La capital se traslada a Kioto. Durante cuatro siglos, una aristocracia refinada inventa buena parte de la estética japonesa: la literatura de corte, el culto a la estación, un sentido de la belleza que nunca ha abandonado del todo el país.
Doscientos cincuenta años de paz impuesta por los shogunes Tokugawa, un país cerrado sobre sí mismo, y el auge de una cultura urbana y mercantil: la estampa, el kabuki, las grandes rutas como el Nakasendo que todavía hoy se recorre.
El país se abre por la fuerza al comercio occidental y luego se moderniza a una velocidad inédita: industria, ejército, instituciones occidentales, sin dejar de mantener al emperador como figura central.